martes, 23 de enero de 2024

RETO ESCRITURA MES DE ENERO

 El primer relato del año



            Había una vez un vampiro...

 


 

 

        Largos años han pasado desde que el guerrero, temeroso de su propia muerte, hiciera un pacto con una criatura de la oscuridad. En aquel acuerdo, la criatura le permitió al guerrero seguir en la tierra poseyendo otros cuerpos, de esta manera no estaría atado a su cuerpo mortal. Para mantenerse debía alimentarse de sangre cada cierto tiempo; cuando su cuerpo se deteriora por la muerte, debía buscar uno nuevo para habitar. De esta forma, él podría permanecer en la tierra como un vampiro. El tiempo ha pasado, años y siglos deambulando de un lado a otro como alma errante, sin vivir o morir del todo. Así inicia esta historia, con un Había una vez un vampiro llamado Ar vid, nacido en el  650 A.C., en las lejanas montañas del norte de lo que hoy llamamos Europa.

         Hacia el año 1230 un joven salió de su pequeña casa en busca de su padre, quien había salido a buscar madera seca para preparar la carne del animal que habían cazado ese mismo día. Su madre, una mujer regordeta y sonriente, destazaba el animal con gran facilidad, mientras sus hermanos y hermana se ocupaban de ayudarla. Todo era útil, la piel, los huesos, la carne, incluso las entrañas tenían su lugar. La familia vivía en un claro, a la orilla de un frondoso bosque. Su casa era una edificación circular, donde un solo espacio servía para todo. Su vida era simple, la caza y algo de agricultura los mantenían alimentados sin mayor problema. La madre, al ver que su marido no volvía, pidió a su hijo mayor ir a buscarlo, temiendo que hubiese tenido algún desafortunado percance y no pudiese pedir ayuda. El joven obedientemente buscó en el bosque, cerca del camino y a las orillas del río, no había rastro del hombre mayor, era como si la tierra lo hubiese tragado, el padre simplemente no se hallaba en ninguna parte. 

        Mientras regresaba a su casa, fue recogiendo algunas ramas secas para el fuego, al llegar al claro donde vivían sintió algo distinto en el aire. Al entrar en la casa todo estaba en silencio, llamó a su madre, pero no obtuvo respuesta, llamó a sus dos hermanos, tampoco le respondieron, por último llamó a su hermana, solo escuchó un gemido casi apagado como respuesta. Algo estaba mal, lo podía sentir, entonces una figura se dejó notar en el centro de la casa, podía verla desde la puerta destrozada, colgante de solo una de las bisagras improvisadas con maderos, bisagras que solían mantener la puerta en su sitio. La oscuridad del interior lo hizo temblar por un momento, ¿dónde estaba su familia, por qué nadie respondía?

        Tragando su propia saliva, decidió entrar a su casa esperando ver algo en el interior, pero la oscuridad era casi total. En el suelo, amontonados en un rincón, los cuerpos de su familia yacían inmóviles, también su padre estaba ahí. La figura se movió al otro lado de la única estancia, lo miraba fijamente, esperando que él hiciera algo, un movimiento, un sonido, cualquier cosa. El joven, que era casi un hombre, miró fijamente a la figura, obstaculizando con su cuerpo la puerta, evitándole así la huida. Entonces la pelea inició, la figura trató de zarpar su cuello, el joven fue ágil evadiendo la garra por bastante espacio, también era fuerte, logrando dominar a su contrincante, sujetándolo contra el suelo gracias a su peso.  

        En ese instante la figura se convirtió en humo, rodeándolo por completo. La mente del joven se desvaneció sobre el cuerpo putrefacto de un hombre desconocido. Un rato más tarde despertó justo en medio de la casa, pero no reconocía nada, nada era familiar, se levantó del piso con la sensación de asco sobre su piel nueva. En el rincón de la casa los cuerpos desangrados de su última comida permanecían inertes, allí lanzó el cadáver que ya no necesitaba. Afuera la luz de la mañana casi llegaba, debía dormir, necesitaba dormir un poco más. Rindiéndose a la fatiga, se acomodó en el catre que la familia usaba como cama común.

        Casi al anochecer despertó nuevamente, sintiéndose revitalizado, casi indestructible, su nuevo portador era mucho más de lo que parecía a simple vista. Le sorprendió que pudiese hacerle frente siendo un simple humano. Sin embargo, no quiso meditar sobre el tema, ahora tenía un portador nuevo, podría durarle más que unos meses, este era especial. Salió de la vivienda cuando la oscuridad casi era noche, se alejó sin pensar en nada más, en nadie más. Estaba dispuesto a probar ese nuevo cuerpo que parecía único. En la casa, a oscuras y silenciosa, la joven casi adolescente se movía poco a poco, tratando de salir del montón de cuerpos. Como pudo, se acercó a un estante donde unos potes de barro cocido se mantenían secos y protegidos, conteniendo hierbas que su madre cuidaba con mucho recelo. Arrojó algunas al espacio donde cocinaban, con un movimiento de sus deditos debilitados, una minúscula llama las hizo chascar apenas audiblemente. Unos minutos más tarde, una anciana llegó hasta la vivienda, vio a la niña tirada, vio lo que quedaba de su hijo, su mujer y sus dos nietos. Sabía qué había pasado, era obvio que un vampiro los convirtió en su presa y ahora solo podía llevarse a su nieta a un lugar seguro. Quemó lo que quedaba y se marchó tan rápido como había llegado.

 

 


 

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